Mujeres en TI es una brecha que empieza a cerrarse
La incorporación de mujeres en tecnologías de la información avanza de forma desigual, pero ya se perfila como una variable clave para la competitividad, la innovación y el crecimiento, y el cambio empieza a reflejarse en cifras, afirma Praxis.
La falta de talento especializado se ha convertido en uno de los principales problemas para el crecimiento del sector tecnológico en México. En ese contexto, la incorporación de mujeres en las tecnologías de la información (TI) se está convirtiendo en una ventaja para ir acabando con esta escasez de talento y disminuir la brecha de género, más allá de una simple estrategia de Responsabilidad Social Empresarial (RSE).
Algunas empresas ya están ajustando su estructura con esa lógica. Por ejemplo, la firma mexicana de tecnología Praxis, reporta que 48 % de sus cargos directivos están ocupados por mujeres y que 43 % de los asientos de su consejo de administración corresponden a perfiles femeninos. En su plantilla total, la participación de mujeres alcanza 34 %. Sin embargo, en las posiciones técnicas de TI la cifra se reduce a 19 %, un indicador que resume el tamaño del reto que tiene ante sí la industria tecnológica.
Para Elsa Ramírez, socia fundadora de Praxis, el problema no es de capacidad técnica. “Las mujeres tenemos las mismas capacidades para resolver problemas, innovar y liderar proyectos tecnológicos. El reto está en derribar las barreras que nos alejan de estas oportunidades desde etapas muy tempranas”, señala.
La situación no es exclusiva de una empresa. De acuerdo con la consultora Select, en el ecosistema tecnológico mexicano trabajan dos hombres por cada mujer, una disparidad que coincide con un déficit de 1,6 millones de profesionales digitales en el país. Ante este escenario, ampliar la participación femenina aparece como una de las pocas alternativas viables para cubrir la demanda creciente de perfiles especializados.
El rezago se origina antes del mercado laboral. Según el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), solo 28 % de los profesionistas en Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM) en México son mujeres. La brecha comienza en la elección de carrera, influida por estereotipos de género y una percepción persistente de que las disciplinas tecnológicas no son una opción natural para ellas. “La brecha no empieza en la empresa. Viene desde casa, desde la escuela, desde lo que se les transmite a las niñas sobre qué pueden o no pueden estudiar”, apunta Ramírez.
Formación temprana y movilidad social
Praxis ha optado por intervenir antes de que la brecha se consolide. A través de programas educativos y de mentoría, la empresa ha impulsado clubes de inteligencia artificial en niveles medio superior, particularmente en instituciones técnicas como los E‑BETI a nivel nacional. Uno de estos programas, desarrollado en Tlaxcala, dejó como resultado que tres de cuatro mujeres participantes obtuvieron becas del 100 % para cursar estudios universitarios en instituciones privadas. El dato contrasta con los argumentos de que la baja participación femenina en TI responde a una falta de interés o habilidades.
Para Ramírez, el impacto de estas iniciativas es también económico. “La tecnología es una herramienta de movilidad social. Los ingresos en ingeniería o TI pueden ser entre tres y cinco veces mayores que en otras carreras, y eso transforma familias completas”, afirma.
Aun con mayor preparación académica para las mujeres, el avance hacia posiciones de decisión sigue siendo desigual. Un estudio de KPMG sobre mujeres en la alta dirección indica que 44 % del talento femenino identifica la discriminación en forma de estereotipos, sesgos inconscientes y microagresiones como el principal obstáculo para acceder a puestos estratégicos.
La brecha salarial refuerza esa desigualdad, ya que, en promedio, las mujeres en México perciben entre 14 % y 18 % menos salario que los hombres, incluso en sectores como TI, donde los resultados pueden medirse con mayor precisión. Esto obliga a muchas profesionales a justificar con mayor rigor su impacto económico y operativo.
“Durante años, las mujeres tuvimos que demostrar más para obtener el mismo reconocimiento. Hoy los resultados son el mejor argumento, pero el acceso a esas oportunidades sigue sin ser equitativo”, sostiene Ramírez.
Inteligencia artificial y riesgos de sesgo
El tema adquiere mayor relevancia con la adopción acelerada de inteligencia artificial. Sistemas entrenados con datos históricos poco diversos tienden a replicar sesgos existentes, desde procesos automatizados de reclutamiento hasta tecnologías de reconocimiento facial con mayores tasas de error en mujeres.
La baja participación femenina en los equipos que diseñan y entrenan estos modelos no solo es un tema de representación, sino que pueden afectar la operación y tener dilemas éticos. La evidencia del sector muestra que equipos diversos desarrollan soluciones más robustas y reducen fallas estructurales en los algoritmos. Desde esta perspectiva, la inclusión se convierte en un componente de calidad tecnológica y no en un ejercicio reputacional para las estadísticas.
Otro de los cuellos de botella está en el desarrollo de liderazgo. El mismo estudio de KPMG señala que 60 % de las mujeres en posiciones directivas considera la capacitación constante como uno de los principales retos, mientras que 37 % identifica la mentoría y 31 % el networking como factores determinantes para avanzar profesionalmente.
En Praxis, esos elementos forman parte de la estrategia interna. La empresa impulsa programas de mentoría y promueve la visibilidad de mujeres líderes como referentes dentro y fuera de la organización, con el objetivo de ampliar el acceso a posiciones de influencia.
Un tema de competitividad
No es un secreto que la digitalización avanza más rápido que la formación de talento, así que mantener fuera del sector tecnológico a una parte relevante de la población no es sostenible. La incorporación de más mujeres en TI no solo responde a una agenda de equidad, sino a una necesidad económica.
Al final, el reto para la industria ya no está solo en reconocer la brecha, sino en cerrar el tránsito entre formación, acceso a posiciones técnicas y liderazgo. En el sector TI, la inclusión femenina dejó de ser un tema de discurso y pasó a ser una condición que permite a las empresas competir.
“La limitada participación de mujeres en tecnologías de la información en México representa un reto directo para la innovación y la competitividad del país”, advierte Beatriz Perea, directora de la Oficina de Proyectos de Praxis. “Sin diversidad en los equipos, las empresas limitan su capacidad de escalar y responder a los desafíos del mercado,” concluye.