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Chile frente al avance de la IA: ¿Qué modelo seguir y cómo manejar sus efectos sociales?

Los expertos señalan que la manera en que las naciones latinoamericanas regulen la IA va a determinar no solamente su competitividad tecnológica, sino también el tipo de sociedad digital que se desea construir.

Un debate que se desarrolla hoy a nivel empresarial, social, académico y político en numerosos países es qué camino adoptar para administrar, de la mejor manera, el avance impetuoso y decidido de la inteligencia artificial.

Actualmente, son dos los modelos que se enfrentan a nivel mundial. Por una parte, el enfoque de Estados Unidos, que busca privilegiar la libertad para innovar, apoyarse en el dinamismo del mercado y realizar una mínima intervención estatal. Por otro lado, el modelo de la Unión Europea, que busca velar por la protección de los derechos fundamentales de las personas y defender la privacidad y la ética, aunque eso pueda conllevar una ralentización del desarrollo tecnológico.

Ahora, la pregunta es: ¿qué ocurre en los países latinoamericanos, y especialmente en Chile, frente a esta disyuntiva?

La respuesta no es trivial. Los expertos señalan que la manera en que estas naciones regulen la IA va a determinar no solamente su capacidad de competitividad tecnológica, sino también el tipo de sociedad digital que se desea construir.

Roberto Larenas, Universidad Andrés Bello.

A juicio de Roberto Larenas, académico de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Andrés Bello, la discusión sobre la inteligencia artificial en Chile está marcada por un elemento común, tanto en el plano social como en el político: “El país debate sus riesgos antes de haber construido un ecosistema sólido que permita comprender y aprovechar sus beneficios. En Chile no existe un ecosistema tecnológico intensivo, ni una tradición regulatoria tan potente. Lo que sí tenemos es un entorno digital que se acelera y una ciudadanía que cada vez tiene más conciencia de sus derechos. Por ello, encaminarse hacia los extremos sería un error. Seguir un modelo muy relajado podría transformarnos en un laboratorio de pruebas; y un modelo demasiado restrictivo podría terminar asfixiando la innovación local”.

Existe consenso de que Chile, hasta el momento, ha mostrado un camino “híbrido” en su adopción de la IA.  Por un lado, se sigue la visión europea al buscar establecer regulaciones potentes en materia de protección de datos personales. Al mismo tiempo, se incorporan tecnologías y se realizan acuerdos con empresas de EE. UU. que permiten la instalación de grandes centros de datos, necesarios para el uso intensivo de herramientas y aplicaciones de inteligencia artificial. Además, se desarrollan diversos programas e iniciativas para estimular el emprendimiento y la creación de nuevos negocios con base en la IA.

Ricardo Seguel, Universidad Adolfo Ibañez.

En este sentido, Ricardo Seguel, profesor de la Facultad de Ingeniería y Ciencias de la Universidad Adolfo Ibáñez y Asesor Senior de Technology Unit, sostiene que el mejor camino es el de EE. UU., enfocado en la libertad para innovar. “El punto de fondo es que en Chile no desarrollamos IA, sino que utilizamos servicios IA para innovar en soluciones. Chile no desarrolla modelos o técnicas nuevas y no hay forma de competirle a las grandes potencias en esto”, advierte.

El impacto medioambiental y laboral de la IA en Chile

La masificación de la inteligencia artificial suele generar temores y críticas en Chile y Latinoamérica debido, por una parte, a su impacto en el medioambiente relacionado con el consumo energético que genera. Y, por otro lado, porque es vista como detonante de despidos masivos de trabajadores en empresas de la región.

Sin embargo, a juicio de los expertos, este impacto social de la IA debe mirarse con cautela y se debe tener presente que la realidad de nuestros países dista mucho del contexto tecnológico de las naciones líderes en inteligencia artificial a nivel mundial.

Respecto del debate ambiental, Roberto Larenas, de la U. Andrés Bello, opina que si bien se cuestiona el consumo energético de los centros de datos que entrenan modelos de IA, “rara vez se explica cómo estas mismas tecnologías pueden reducir emisiones optimizando rutas logísticas, mejorando la eficiencia energética de edificios o disminuyendo el desperdicio en procesos productivos. Sin un ecosistema que muestre beneficios tangibles, el rechazo aparece como una reacción comprensible”, señala.

El experto agrega que el punto de fondo es que la IA no se detiene porque un país decida avanzar con cautela. Si no se desarrollan capacidades locales, formación especializada, incentivos a la innovación y adopción en servicios públicos y privados, la tecnología simplemente se importará desde otros contextos, bajo reglas y prioridades ajenas. En ese escenario, “la regulación deja de ser una herramienta de gobernanza y pasa a convertirse en un factor que profundiza la dependencia”, resalta.

Ricardo Seguel, de la Universidad Adolfo Ibáñez, es aún más enfático, y sostiene que estos debates “son bastante poco efectivos e innecesarios porque Chile no desarrolla tecnología de punta. La capacidad de innovar de Chile debe contar con la mayor libertad y fondos para aprovechar la IA a nuestro favor.  Si Chile desarrollara IA, aunque sea de forma marginal, estaríamos hablando del problema que hoy enfrenta EE. UU. por la falta de generación de energía para continuar desarrollando nuevos modelos y servicios de IA”.

José Luis Allende, NTT DATA Chile.

Con respecto a las preocupaciones de carácter laboral, existe consenso sobre que muchos aspectos donde se ve valor en el uso de la IA están relacionados con automatizar procesos o simplificar y reducir tareas manuales. En este punto, José Luis Allende, manager AI, Data & Analytics en NTT DATA Chile, sostiene que es clave que los modelos de desarrollo y los procesos formativos se adapten de tal manera que podamos evolucionar como sociedad, y que la industria y la academia sean capaces de anticipar estos cambios para adecuar la oferta de capacitaciones.

“Si miramos datos concretos, el Foro Económico Mundial no pronostica una disminución global de la fuerza laboral. Si bien existen empleos y labores que tienden a cambiar, o desaparecer, también existen nuevas necesidades y perfiles técnicos y profesionales que son requeridos para obtener el máximo potencial del avance tecnológico. En el mediano plazo, lo que se ve es que hay más generación de nuevos empleos asociados a la IA que desaparición de otros asociados a este mismo asunto”, argumenta.

Expectativas frente al nuevo gobierno

El 11 de marzo de 2026, una nueva administración asumirá el mando en Chile, encabezada por el hoy presidente electo José Antonio Kast, y existe la interrogante –entre expertos del sector– sobre en qué medida el futuro gobierno, que será de derecha, impulsará el avance de la IA en la sociedad, y específicamente en el mundo laboral.

Para Roberto Larenas, de la U. Andrés Bello, el cambio de gobierno introduce una nueva capa de incertidumbre. Indica que, si bien un gobierno de derecha suele asociarse con una mayor apertura a la innovación y al mercado, la experiencia internacional muestra que la clave no está en el signo político, sino en el momento en que se regula.

“En Estados Unidos y la Unión Europea, los marcos regulatorios surgen cuando ya existen industrias tecnológicas activas, inversión sostenida y uso cotidiano de la IA en sectores como la salud, la educación o la industria. En Chile, en cambio, existe el riesgo de intentar replicar esas regulaciones sin contar aún con un ecosistema comparable, lo que podría desalentar la inversión, el emprendimiento y la formación de talento local antes de que estos logren consolidarse”, destaca.

Ricardo Seguel, de la U. Adolfo Ibáñez, comenta que el nuevo gobierno “más que estar preocupado de leyes que restrinjan la innovación con IA, debería dar mayor libertad y crear fondos de cooperación público-privados para aprovechar esta ola”.

Otros especialistas de la industria señalan que lo ideal es que Chile encuentre un equilibrio adecuado entre la necesaria innovación y la debida regulación, incluso más allá del gobierno de turno.

“Es fundamental que la agenda digital del país sea una política de Estado de largo plazo. Estamos viviendo una época muy significativa en términos de avances tecnológicos, tal como fue el lanzamiento y posterior masificación del internet en su minuto. La inteligencia artificial no es un concepto nuevo, pero la IA generativa es lo que hace que esta esté dando un salto acelerado en cuanto a capacidad de aprendizaje y a los resultados que ofrece. Por ende, es fundamental aprovechar al máximo las oportunidades que presenta en cuanto a desarrollo”, concluye José Luis Allende, de NTT DATA Chile.

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