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Legaltech, nueva infraestructura crítica para las áreas jurídicas
Con la adopción acelerada de la inteligencia artificial, los despachos y departamentos legales enfrentan el nuevo reto de gobernar tecnologías que ya influyen en decisiones de negocio bajo esquemas de confidencialidad, propiedad intelectual y cumplimiento regulatorio cada vez más exigentes.
Durante los últimos dos años, la conversación sobre inteligencia artificial en América Latina estuvo centrada en pilotos, pruebas controladas y discusiones conceptuales. Esa etapa terminó. Hoy, la IA cruza industrias, afecta procesos críticos, toma decisiones reales dentro de las organizaciones y expone a las empresas a riesgos que no existían cuando la tecnología se trataba como un experimento. En ese nuevo escenario, la gobernanza pasó a convertirse en infraestructura operativa.
De acuerdo con Sebastian Lach, socio de Hogan Lovells y coCEO de Eltemate, la legaltech del despacho multinacional, lo relevante ya no gira en torno a herramientas o capacidades técnicas, sino a qué ocurre “cuando la IA empieza a influir en decisiones de negocio que deben poder explicarse, justificarse y defenderse, especialmente en entornos regulados”.
Adopción acelerada, controles rezagados
La adopción corporativa avanzó más rápido que los controles y que el rediseño de los flujos. Muy a menudo, el despliegue de IA convive con procesos pensados para tecnologías deterministas, no probabilísticas. A diferencia de sistemas previos de gestión documental y e‑discovery, “la IA no solo automatiza pasos, también razona, prioriza y sugiere cursos de acción. Dos equipos, con el mismo modelo y la misma evidencia, pueden llegar a conclusiones distintas. No es un fallo técnico; es la naturaleza del sistema. En sectores regulados, esa variabilidad tensiona la consistencia y la defensabilidad de las decisiones”, comparte Sebastian Lach.
De ahí que el riesgo deje de ser solo “tecnológico” y pase a ser riesgo de decisión. Ya no basta con proteger los datos, también hay que sostener la decisión influida por IA frente a auditores, reguladores, tribunales o el escrutinio público. Por eso, los gobiernos empezaron a tratar a la IA como infraestructura estratégica; y las empresas, a reescribir sus manuales de gobernanza para asumir esa realidad.
En la región, el uso de IA es alto con relación a su peso digital global, pero la adopción es desigual entre países e industrias. La concentración del talento y la madurez regulatoria condicionan el tipo de casos de uso que se implementan. Para multinacionales, la heterogeneidad es un riesgo en sí, pero también es la oportunidad para quienes logren estandarizar gobernanza y trazabilidad por encima de las fronteras:
- En servicios financieros, la expectativa de explicabilidad y auditoría ya es operativa.
- En energía y manufactura, la IA impacta en decisiones de operación y seguridad; el riesgo es menos visible, pero igual de real.
- En salud y sector público, la sensibilidad de los datos y la confianza ciudadana imponen una barrera adicional que obliga a desplegar con más cuidado.
La demanda de asesoría legal no disminuye con IA, solo crea un nuevo paradigma. Las preguntas difíciles ya no están en la configuración de sistemas, sino en responsabilidad, asignación de riesgos, propiedad intelectual y en el diseño de comités de IA con autoridad real. Debido a que las problemas por sesgo, decisiones discriminatorias o resultados erróneos dejaron de ser hipotéticas, ahora los equipos deben documentar cómo se entrenó, gobernó y supervisó cada modelo, y quién tomó la decisión final.
Eltemate, una IA legal como infraestructura
En este contexto encaja la estrategia de Eltemate, la firma de legaltech de Hogan Lovells, que nació como un esfuerzo interno hace años y hoy opera como infraestructura que incluye abogados, ingenieros de software e IA y especialistas en e‑discovery. Ellos trabajan sobre corpus legales curados por jurisdicción, con IA agéntica que ejecuta flujos completos y con perímetros cerrados que impiden que los datos del cliente alimenten modelos externos.
La firma abrió una entidad en México para desarrollar con datos jurídicos locales y evitar errores por desalineación normativa. La ruta de certificaciones de seguridad va en la misma línea de blindar confidencialidad y trazabilidad con estándares externos.
La historia de Eltemate en la región tiene menos de “lanzamiento” y más de continuidad, según explica Guillermo Larrea, CEO para Latinoamérica de Eltemate y socio de Hogan Lovells México, pues su creación viene de hace ocho años, cuando la firma adquirió una compañía de software para crear herramientas que mejoraran el trabajo de los abogados.
Primero fueron soluciones internas; después, disponibles para clientes. La llegada de la IA generativa aceleró todo y llevó a constituir una empresa completa capaz de desarrollar tecnología propia. Siempre con la premisa de “si la propiedad intelectual queda en manos de las grandes tecnológicas, ¿dónde queda la industria legal?, los abogados debemos proponer nuestra tecnología para lo que hacemos”, plantea Larrea.
Ese énfasis en la propiedad intelectual propia es también una respuesta práctica a la pregunta que se hace en los comités directivos sobre qué se puede adoptar sin comprometer confidencialidad ni control. Con este tipo de control, el directivo sostiene que la adopción de sus soluciones es inmediata.
Eltemate ya opera con clientes mexicanos y latinoamericanos, incluidas organizaciones de Brasil y entidades públicas. En el sector público ven un frente de alto impacto: “hay instituciones que no tienen IA, o no saben a cuál recurrir, y terminan con plataformas que usan su información para fines propios. Aquí no es así. Nos rige el privilegio cliente‑abogado y la prioridad es proteger a la institución”.
Otro pilar es capacitación, pues “de nada sirve tener un avión si nadie sabe pilotearlo”, dice Larrea. Muchas organizaciones discuten qué herramienta comprar; pocas invierten tiempo en aprender a usarla bien y en gobernarla. La propuesta de Eltemate es que sea un acompañamiento continuo del asesor legal, la persona de confianza del cliente, quien acompañe la toma de decisiones tecnológicas, desde la elección de la solución hasta su gobernanza y operación.
En eficiencia, Larrea habla de que los ahorros operativos pueden estar en torno al 50 %, pero, dependiendo del alcance, pueden superar el 70 % u 80 % cuando la adopción es holística y no se limita a un caso puntual. Esta cifra depende de cuánto se reconfiguren procesos, cuánto se deje que la herramienta resuelva y de qué tan claro esté el esquema de supervisión humana.
La oferta no es solo para grandes corporativos. Eltemate ofrece herramientas listas como servicio, adoptables de inmediato, y desarrollos a la medida con sus ingenieros, donde la propiedad intelectual del proceso queda en manos del cliente. Para Larrea, ese segundo camino es la diferenciación real: “¿qué te distinguirá de quien use una herramienta genérica? Crear tu propia tecnología para tus procesos críticos”.
Igualmente, la arquitectura contractual es de suma importancia, ya que implica confidencialidad reforzada, límites de uso del modelo, auditorías y definición precisa de quién es dueño de lo que se construye.
La otra mitad del tablero es la trazabilidad. Por tanto, se documenta data sets, versiones, prompts, ajustes y decisiones humanas que cerraron cada caso para reproducir lo que se hizo y defender el resultado cuando alguien pida explicaciones. Esto reubica al área legal en la primera línea del diseño de procesos, y no en la última estación de aprobación.
En Eltemate están conscientes de que la IA ya se usa en el derecho, y que ahora lo importante es convertirla en una plataforma de trabajo con controles que permitan escalar sin perder confidencialidad, trazabilidad ni defensibilidad. Con equipos locales, datos mexicanos y un perímetro que evita fugas hacia modelos externos, Hogan Lovells y Eltemate buscan fijar un estándar donde la tecnología esté al servicio del juicio legal, no al revés.
“La IA no reduce la centralidad del abogado, la reubica donde siempre pesó más: en decidir con criterio y asumir responsabilidad de lo que se hace con los datos y con los modelos. El resto –herramienta, proveedor, nube–, es reemplazable. El juicio no”, concluyó Sebastian Lach.
Legaltech: Las tres capas de cumplimiento corporativo
Desde Hogan Lovells señalan que la agenda de cumplimiento se está reescribiendo con tres capas simultáneas:
- Privacidad: nuevas exigencias de avisos, bases legales y trazabilidad del consentimiento en proyectos con IA. Sin ese orden, el despliegue se atasca.
- Ciberseguridad: integración de protocolos de respuesta a incidentes, resiliencia y notificación con especial foco en infraestructura crítica y proveedores.
- Gobernanza de IA: evaluación de riesgos por caso de uso, supervisión humana, documentación de explicabilidad y registros de entrenamiento e inferencia. Con o sin ley específica de IA en cada país, es la base que reduce fricciones regulatorias y operativas.