Los centros de datos son un reto energético para México

La industria de centros de datos en México crece con rapidez, pero se frena por la falta de infraestructura energética suficiente. A tres años del nacimiento de la MEXDC, el sector ya muestra madurez y peso económico, pero demanda planeación eléctrica a largo plazo.

El crecimiento de la industria de centros de datos en México ya no gira únicamente en torno a la inversión, la tecnología o la conectividad, sino también en torno a la capacidad del país para sostenerlo a un ritmo más veloz que el de la construcción de la infraestructura que lo soporta.

Durante la conmemoración del tercer aniversario de la Asociación Mexicana de Data Centers (MEXDC), la organización presentó una radiografía precisa del tema en la que reveló cómo México pasó de 115.5 MW en 2024 a 279 MW en 2026, una expansión que confirma el dinamismo del mercado. Sin embargo, los expertos señalaron que ese crecimiento se está llevando a cabo en condiciones deficientes, sin una planeación energética alineada con la velocidad de la demanda digital.

La energía como el verdadero cuello de botella

El avance en la capacidad instalada no cuenta toda la historia. Hay proyectos en construcción, y otros ya terminados, que hoy enfrentan retrasos para iniciar operaciones por una razón concreta: falta de energía disponible o tiempos prolongados para conectarse a la red. Eso introduce una tensión inédita en el sector. La industria puede crecer, pero no necesariamente a la misma velocidad que exige el mercado.

Amet Novillo, presidente de la MEXDC y director general de Equinix en México, afirmó que "avanzar de 115.5 MW a 279 MW en operación… también es una advertencia" de que el crecimiento sin planeación energética incrementa los riesgos, retrasa los proyectos y reduce la competitividad.

Para los miembros de la asociación, que ya suman más de 160 integrantes, el problema se debe a una combinación de falta de generación suficiente, redes de transmisión que requieren refuerzo, capacidad de distribución limitada y procesos regulatorios que no responden a la velocidad del mercado.

En ese contexto, la industria se enfrenta a un modelo reactivo, en el que cada proyecto trata de resolver su propia necesidad energética, en lugar de integrarse en una planeación nacional. Adriana Rivera, directora ejecutiva de la MEXDC, precisó que "no se trata de reaccionar proyecto por proyecto, sino de contar con una planeación adecuada que tenga un efecto multiplicador". Lo que está en juego, señaló, no es solo la eficiencia operativa, sino también la capacidad del país para consolidarse como hub digital.

Actualmente, la industria invierte alrededor de 340 millones de dólares en infraestructura eléctrica, principalmente en el Bajío, con el objetivo de habilitar nuevos proyectos. Estas inversiones incluyen subestaciones, refuerzos en las líneas de transmisión y obras que fortalecen la red. Sin embargo, el propio sector reconoce el límite de este esfuerzo, pues no es viable construir el sistema energético a partir de iniciativas aisladas. Sin coordinación institucional, cada solución resulta parcial.

La comparación regional refuerza la urgencia

El contraste con América Latina ayuda a dimensionar el reto que enfrenta México. Por ejemplo, Brasil supera los 900 MW de capacidad instalada, mientras que Chile, con una población mucho menor, ya se acerca a los niveles de México.

Eso no responde a la falta de demanda en el país, sino a un rezago en infraestructura estratégica, que incluye la capacidad energética suficiente para capitalizarlo plenamente. Lo peor es que el escenario no se estabiliza, sino que se vuelve más exigente. La expansión de la inteligencia artificial y el crecimiento de centros de datos de borde están elevando la demanda energética y modificando las necesidades técnicas de la infraestructura.

De acuerdo con la mesa directiva de MEXDC, los nuevos desarrollos requieren mayor densidad de potencia, mayor eficiencia y despliegues distribuidos, lo que implica una presión adicional sobre un sistema eléctrico que ya muestra sus límites.

Otro desafío importante que enfrenta la industria es la escasez de talento, ya que, a diferencia de otros sectores, los centros de datos no contaban con una base académica sólida en México. Por ello, Adriana Rivera informó que la MEXDC ya trabaja con universidades para desarrollar programas especializados en operación, diseño y construcción de centros de datos, con el fin de capacitar a los profesionales que el sector necesitará en los próximos años.

El efecto económico ya es visible

Más allá de la infraestructura, el impacto del sector ya se refleja en la economía. De acuerdo con Amet Novillo, se estima la creación de más de 12 mil empleos directos y más de 120 mil indirectos, asociados al desarrollo de centros de datos en distintas regiones de México.

Esto confirma que, más allá de beneficiar al ecosistema digital del país, la industria de los centros de datos se ha vuelto un motor transversal que activa otros sectores como construcción, energía, telecomunicaciones y servicios especializados.

En una industria sólida, que ya cuenta con alta demanda, inversión, un ecosistema consolidado y una posición estratégica, lo que falta, resaltaron desde la MEXDC, es alinear la infraestructura energética con ese potencial e incorporar el asunto dentro de las políticas públicas, de competitividad y de desarrollo económico.

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