¿Qué tanto impactará realmente la IA en el crecimiento de Chile?
Si bien la inteligencia artificial puede contribuir positivamente al crecimiento económico del país, difícilmente será suficiente por sí sola para cerrar brechas estructurales de desarrollo, concluye un estudio de CLAPES UC. Expertos lo analizan.
El avance acelerado de tecnologías como la inteligencia artificial obliga a comprender, desde un marco macroeconómico, cómo su adopción puede modificar la trayectoria de crecimiento de un país mediante sus efectos sobre la productividad.
En este sentido, recientemente se dieron a conocer los resultados de un estudio del Centro Latinoamericano de Políticas Sociales y Económicas (CLAPES UC), que analizó el impacto de la inteligencia artificial en la productividad y el PIB de Chile. El informe arroja varios puntos interesantes, como que, dado que la brecha de ingreso per cápita entre Chile y las economías avanzadas continúa siendo significativa, la IA puede contribuir positivamente al crecimiento económico, si bien por sí sola difícilmente será suficiente para cerrar brechas estructurales de desarrollo.
Según el estudio, la adopción de IA generativa (IAGen) podría elevar el nivel del PIB de Chile entre un 0,57 % y un 3 % en un horizonte de diez años, dependiendo de la velocidad de la adopción tecnológica. La magnitud económica de estos resultados es significativa, ya que para una economía como esta, con un PIB cercano a US$355 mil millones, un aumento acumulado de 0,57 % equivale a aproximadamente US$2.000 millones adicionales en ese período.
En escenarios de adopción más altos, el incremento podría alcanzar US$11.000 millones adicionales de PIB. En términos per cápita, y considerando un PIB per cápita cercano a US$17 mil, estos efectos representan aumentos equivalentes a entre US$100 y US$500 adicionales por habitante.
Diego Ossa
Con base en estos resultados, Diego Ossa, CEO de Stefanini para el Sur de Latinoamérica, sostiene que, desde el punto de vista de la productividad y del crecimiento del PIB de Chile, "creería que es un tema absolutamente real, en la medida en que la IA logre hacer más eficientes los procesos entre las industrias base de la economía chilena. Estamos hablando de industrias como minería, retail, banca, etcétera. Mientras la IA acelere los procesos y reduzca la latencia en la toma de las decisiones organizacionales, vamos a captar mucho más rápido los beneficios que trae esta tecnología, que no es una moda, sino más bien una realidad empresarial".
Una opinión coincidente tiene Aaron Cassorla, CEO de OMNIX, quien expresa que "la i
Aaron Cassorla
nteligencia artificial será uno de los mayores impulsores de productividad que hemos visto en décadas. En un país como Chile, donde el crecimiento depende cada vez más de hacer más eficiente la industria, la minería, la logística, la energía o el sector financiero, la IA puede tener un impacto directo sobre el PIB".
El estudio de CLAPES UC concluye que las ganancias potenciales de la IAGen dependerán críticamente tanto de la velocidad de adopción como de la capacidad de la economía para integrar eficazmente estas tecnologías. De acuerdo con sus autores, esto refuerza la importancia de políticas complementarias orientadas a:
- promover la difusión tecnológica,
- fortalecer el capital humano,
- facilitar la reasignación laboral y
- asegurar que las empresas, especialmente las pequeñas y medianas, puedan acceder y utilizar efectivamente estas herramientas.
Luz María García
"Una mayor capacidad técnica no se traduce por sí sola en crecimiento del PIB. Para que ese efecto ocurra, la IA tiene que escalar desde usos puntuales hacia transformaciones más profundas en empresas, sector público y sectores productivos. Y ahí la brecha sigue siendo importante, especialmente en pymes, donde todavía persisten rezagos en digitalización, talento y capacidad de adopción", afirma Luz María García, gerenta general de ACTI, quien señala que la inteligencia artificial sí puede tener un impacto relevante en la productividad de Chile, pero ese efecto no será automático ni inmediato.
Los expertos advierten que, para sacar un real provecho de esta tecnología, hay que salir del síndrome "del piloto eterno", lleno de pruebas, conceptos y de ver si funciona o no. Se trata de llevar la IA a los procesos clave de las compañías, dejar de verla como una novedad tecnológica y tratarla como una decisión de negocio.
Aterrizar la IA
Otro punto relevante que el estudio del Centro Latinoamericano de Políticas Sociales y Económicas también destaca es la cuestión de si existen demasiadas expectativas positivas respecto del impacto de la IA en el crecimiento de nuestro país.
En este punto, la Asociación Chilena de Empresas de Tecnologías de Información tiene una opinión muy clara. Según observan, el discurso sobre inteligencia artificial está avanzando más rápido que su implementación real. Eso no es necesariamente negativo, pero sí obliga a moderar las expectativas.
La asociación indica que las tecnologías de propósito general tradicionalmente no impactan de inmediato en las estadísticas de productividad o crecimiento porque requieren tiempo, inversión complementaria y cambios más profundos en procesos, capacidades e infraestructura. Por tanto, el riesgo es doble. Primero, puede generar frustración si los resultados no aparecen con la velocidad que algunos esperan. Además, el entusiasmo puede invisibilizar las condiciones que realmente determinan el impacto económico de la IA en talento digital, gobernanza de datos, conectividad, infraestructura tecnológica y un marco regulatorio que dé certezas sin frenar la innovación.
"Por eso, más que bajar el optimismo, lo que se necesita es hacerlo más realista. La IA puede aportar al crecimiento de Chile, pero sólo si el país construye las condiciones para adoptarla bien y a escala. Como gremio, sabemos que, sin esos habilitantes, seguiremos hablando de potencial. Sólo con ellos recién podremos hablar de productividad y PIB en términos efectivos", advierte Luz María García.
Debido al excesivo entusiasmo por la IA, el riesgo no es tener expectativas demasiado altas, sino pensar que el beneficio llegará solo por adoptar la tecnología. "La IA no genera crecimiento por sí misma; genera crecimiento cuando se implementa correctamente y se transforma en una capacidad permanente dentro de la organización. Chile tiene una oportunidad extraordinaria porque cuenta con industrias de clase mundial y un ecosistema tecnológico cada vez más sólido. Si logramos desarrollar inteligencia artificial aplicada a nuestros desafíos productivos, podemos convertirnos no solo en usuarios de esta tecnología, sino también en exportadores de soluciones de alto valor", concluye Aaron Cassorla, de OMNIX.