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La infraestructura es una prioridad para el ecosistema fintech en México

A pesar de su rápido crecimiento, la consolidación de las fintech en América Latina depende de que cuenten con una sólida infraestructura, que construyan la confianza digital de los usuarios, y que puedan escalar con solidez, ordenando sus operaciones internas.

La industria fintech anticipa una nueva etapa de madurez en Latinoamérica. Tras una primera ola marcada por la disrupción y la velocidad, el foco se perfila hacia la eficiencia operativa, el crecimiento sostenible y la respuesta a un ecosistema financiero aún fragmentado. Caracterizadas por la innovación tecnológica, las fintech ahora deben determinar qué modelos pueden crecer y cuáles quedan atrapados en la complejidad operativa regional.

Uno de los principales cuellos de botella sigue en la base del sistema financiero latinoamericano. La baja digitalización de los pagos y la limitada interoperabilidad entre instituciones obligan a las fintech a destinar recursos relevantes para resolver problemas de infraestructura antes de innovar.

Roberto Gaudelli, director comercial de Prometeo, explica que, “en América Latina, el gran desafío para las fintech no es la falta de ideas, sino la fragmentación de la infraestructura financiera. Solo cerca del 30 % de las transacciones están digitalizadas y alrededor del 80 % del volumen de pagos es B2B, lo que evidencia una gran oportunidad de modernización”.

Desde esta perspectiva, la tecnología permite reducir la complejidad estructural y liberar capacidad de innovación. Gaudelli señala que el valor no está solo en conectar sistemas, sino en estandarizar la operación regional y disminuir las barreras de entrada a nuevos mercados, especialmente porque cada país tiene reglas, bancos y dinámicas propias.

Confianza digital, el segundo pilar

A medida que las fintech superan los desafíos de infraestructura y comienzan a crecer, surge una segunda capa crítica: la confianza digital. El fraude evoluciona al mismo ritmo que los productos financieros, por lo que la identidad debe convertirse en un activo estratégico.

Samer Atassi, vicepresidente para Latinoamérica de Jumio, plantea que el problema no es validar más, sino validar mejor: “Para una estrategia antifraude robusta es clave apalancarse en la identidad reusable. Debemos confiar en la persona que ya validamos y desconfiar de la persona que vemos por primera vez”.

La visión de Atassi introduce un cambio de paradigma relevante para la región. En lugar de procesos aislados y repetitivos, propone una inteligencia de identidad continua, basada en datos y comportamiento, que permita decisiones más precisas sin frenar la experiencia del usuario. “Lo importante es no caer en la ineficiencia de validar un usuario o transacción en un momento puntual cada vez, sino implementar más inteligencia de identidad con más y mejor data, que es la única receta para mejores resultados”, añade.

Escalabilidad, el tercer desafío

Luego de la barrera de infraestructura y confianza, aparece un tercer reto: escalar sin perder solidez. Muchas fintech lanzan productos innovadores, pero enfrentan dificultades al crecer regionalmente o manejar mayores volúmenes transaccionales. Desde esta perspectiva, Alejandro Masseroni, regional sales leader – NextGen Financial Services de Temenos, sostiene que “el gran desafío de las fintech no es solo innovar, sino escalar con solidez y eficiencia”.

Esta escalabilidad exige plataformas que acompañen la evolución del negocio. “Un core bancario nativo en la nube que permite lanzar y evolucionar productos financieros con rapidez, eficiencia, seguridad y flexibilidad”, explica Masseroni, quien destaca que contar con una arquitectura modular y nativa de nube facilita el crecimiento sin sacrificar seguridad ni resiliencia, dos factores cada vez más observados por reguladores y usuarios en la región.

En esto coincide Alejandro del Río, director regional para Latinoamérica de Paymentology, quien, especialmente en temas de pagos, asegura que “la expansión de los pagos digitales exige infraestructuras cada vez más resilientes y seguras. Nuestro foco está en garantizar continuidad operativa, protección de las transacciones y confianza para emisores y usuarios finales, especialmente en una región tan dinámica como Latinoamérica”.

Cuando las fintech alcanzan cierto nivel de madurez, la eficiencia interna pasa a ser tan estratégica como el producto ofrecido, y la gestión del dinero, los procesos de conciliación y la visibilidad del flujo de caja se vuelven críticos en operaciones cada vez más complejas.

“Por naturaleza, las fintechs tienen que manejar un volumen de datos impresionante, a menudo entre múltiples actores, bancos, prestamistas, emisores de tarjetas, adquirentes, y eso causa un caos en el back office”, explica Amanda Jacobson, Chief Revenue Officer de Radar. “Las áreas de operaciones financieras de las fintechs se enfrentan a diversos desafíos como la cobranza, donde errores en los pagos pueden generar pérdidas financieras o problemas con clientes, reservas altas y mala experiencia del cliente, que repercuten en la confianza y satisfacción del usuario, y retos en la escalabilidad y auditabilidad”.

Su análisis pone sobre la mesa un punto que suele quedar fuera del discurso de innovación: sin automatización, trazabilidad y datos en tiempo real, el crecimiento puede amplificar errores, afectar la experiencia del cliente y comprometer la sostenibilidad del negocio. Aquí la tecnología no impulsa nuevos productos, sino que protege la operación que los sostiene.

Así pues, para los expertos el éxito de las fintech en la región ya no dependerá de qué tan rápido lancen productos, sino de qué tan bien sostienen su crecimiento. Resolver la infraestructura, construir confianza digital, escalar con solidez y ordenar la operación interna no son etapas aisladas, sino decisiones estratégicas que definen la viabilidad del negocio. Lograr la madurez del ecosistema exige menos improvisación y más arquitectura tecnológica, operativa y organizacional.

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