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Desafíos en infraestructura, espectro y conectividad en AL para sostener la nueva etapa digital

Mientras crece la demanda de IA, digitalización y tráfico de datos en la región, también se profundizan los desafíos vinculados al espectro, la sostenibilidad de la infraestructura y la inclusión digital.

La infraestructura apareció como uno de los temas centrales en el evento "El Futuro de la Conectividad en América Latina", ciclo organizado por ALT+, iniciativa regional que reúne asociaciones y colectivos de toda América Latina que representan a operadores de telecomunicaciones locales e independientes. Dentro de ese marco, distintos especialistas analizaron qué necesita la región para sostener el crecimiento de la inteligencia artificial, la digitalización y el aumento constante del tráfico de datos.

Marta Suárez, presidenta de la Dynamic Spectrum Alliance (DSA), planteó que América Latina atraviesa un punto de inflexión: mientras crecen las inversiones en fibra óptica, conectividad fija y capacidad de red, también aumentan las exigencias regulatorias y tecnológicas para garantizar la escalabilidad y el acceso.

Uno de los principales ejes de la presentación fue el gran crecimiento del mercado de acceso fijo en la región, en particular mediante FTTH (fibra al hogar). Suárez destacó que América Latina pasó de 227 millones de sockets desplegados en 2024 a una proyección de 281 millones para 2029, en un escenario en el que la expansión empieza a dar paso a una etapa de consolidación y competencia, sobre todo en zonas urbanas. Según detalló, solo en 2025 se invirtieron más de cinco mil millones de dólares en proyectos de fibra en América Latina y el Caribe.

La especialista indicó, además, que el crecimiento no es homogéneo y que cada país presenta dinámicas particulares. En Brasil, por ejemplo, remarcó el papel de los pequeños proveedores regionales de internet (ISP), que hoy representan cerca del 64 % de las conexiones de banda ancha fija del país y tienen presencia en más de cinco mil municipios. Para Suárez, el caso brasileño demuestra "cómo los actores pequeños pueden cumplir un rol clave en el cierre de la brecha digital, especialmente en zonas rurales, siempre que existan políticas regulatorias y acceso al espectro que acompañen ese crecimiento".

La presentación también mostró cómo el acceso a internet sigue creciendo en distintos países de la región:

  • En Brasil, el 86 % de los hogares ya tiene conexión y las redes WiFi se consolidaron como la principal tecnología de acceso doméstico.
  • En Colombia, las velocidades promedio de descarga ya alcanzan los 192 Mbps en conexiones fijas.
  • En Costa Rica, casi el 40 % de las conexiones superan los 100 Mbps.

En todos los casos, Suárez observó una misma tendencia: el reemplazo progresivo del cable módem por fibra óptica y un crecimiento sostenido del tráfico de datos.

Sin embargo, uno de los puntos más relevantes de la charla fue la relación entre infraestructura y espectro. Para la presidenta de DSA, el desafío ya no pasa únicamente por desplegar fibra, sino por garantizar redes inalámbricas capaces de soportar el crecimiento exponencial de dispositivos conectados, inteligencia artificial, IoT y aplicaciones que requieren mayor capacidad y baja latencia. "No alcanza con llevar fibra al hogar si después no existen redes locales con capacidad suficiente para conectar múltiples dispositivos", sintetizó.

En ese contexto, Marta Suárez insistió en la importancia del espectro no licenciado y de uso libre para sostener la próxima etapa de conectividad regional. Destacó particularmente la necesidad de habilitar más espectro en bandas como 6 GHz para WiFi avanzado y redes inalámbricas de alta capacidad, algo que considera clave para futuras aplicaciones de IA y cómputo perimetral.

Según explicó, la inteligencia artificial "demandará redes más simétricas y procesamiento más cercano al usuario, lo que incrementará todavía más la presión sobre la infraestructura existente".

Otro de los ejes que atravesó la presentación fue la diferencia entre el mercado móvil y el fijo en América Latina. Mientras el primero atraviesa procesos de concentración, fusiones y dificultades para monetizar inversiones como 5G standalone, el mercado fijo se muestra más dinámico y diverso, con mayor participación de actores regionales y de pequeñas empresas. Para Suárez, esto obliga a los reguladores a replantear cómo distribuyen el espectro y cómo acompañan a los proveedores más pequeños que hoy están resolviendo parte del problema de conectividad en territorios donde las grandes operadoras no llegan.

La conclusión de la especialista fue que la infraestructura ya no puede pensarse solamente como un soporte técnico, sino como una condición estratégica para el desarrollo económico y digital de América Latina. En una etapa en la que la inteligencia artificial, el crecimiento del tráfico y la expansión de dispositivos conectados aceleran la demanda de capacidad, la región enfrenta el desafío de construir redes más robustas, descentralizadas y accesibles sin profundizar las brechas existentes.

El rol de las tecnologías satelitales

Sin embargo, ampliar únicamente la cobertura no es suficiente ante la evolución de la conectividad regional. El desafío ahora es cómo sostener, financiera y tecnológicamente, la próxima etapa de digitalización, especialmente en lugares donde desplegar infraestructura terrestre sigue siendo costoso o directamente inviable. Así lo planteó Lorena Torres, consultora senior en BlueNote Management Consulting, quien analizó el avance de las soluciones satelitales direct-to-device y su potencial impacto en la región.

Torres planteó que la industria atraviesa una etapa marcada por múltiples tensiones:

  • la sostenibilidad económica de las telecomunicaciones,
  • la integración de inteligencia artificial en las redes,
  • la necesidad de repensar proyectos públicos de conectividad que no lograron los resultados esperados y, especialmente,
  • el desafío de cerrar no solo la brecha de cobertura, sino también la de acceso y apropiación digital.

“Ya no alcanza con tener conectividad disponible. El nuevo reto es entender si realmente esa conectividad está siendo utilizada para generar productividad y mejorar la calidad de vida”, señaló.

En ese contexto, la ejecutiva destacó el creciente protagonismo de las soluciones satelitales de órbita baja (LEO), que comenzaron a posicionarse como complemento de las redes terrestres en zonas rurales, remotas o de difícil acceso. Según explicó, inicialmente estas tecnologías se utilizaron como backhaul para conectar estaciones base aisladas, pero el foco ahora empieza a desplazarse hacia los servicios direct-to-device, que son conexiones satelitales que podrían llegar directamente a celulares convencionales sin necesidad de infraestructura local.

La promesa detrás de estas soluciones es significativa, dado que permitirían ampliar la cobertura en áreas donde desplegar fibra óptica o redes móviles resulta económicamente inviable, especialmente en regiones montañosas, corredores logísticos, zonas marítimas o áreas rurales dispersas. También se consideran herramientas estratégicas para la comunicación de emergencia, el monitoreo de infraestructura crítica, la IoT industrial y los sistemas de alerta temprana ante desastres naturales.

Sin embargo, Torres aclaró que estas tecnologías no reemplazarán las redes terrestres tradicionales, pues sus limitaciones de velocidad, latencia y capacidad las hacen funcionar principalmente como soluciones complementarias para casos específicos. "El impacto más fuerte se verá en aquellos lugares donde las redes terrestres no pueden llegar de manera eficiente", sostuvo.

La especialista también remarcó que el desarrollo de este ecosistema abre nuevos debates regulatorios y de negocio para la región. Entre ellos, cómo asignar espectro para estos servicios, qué modelos de licenciamiento habilitar, cómo evitar interferencias entre países y cómo se construirán acuerdos entre operadores móviles y compañías satelitales. Además, advirtió que la sostenibilidad económica sigue siendo una incógnita: lanzar y operar constelaciones satelitales implica inversiones multimillonarias y todavía persisten dudas sobre cómo monetizar estos servicios en mercados donde predominan los usuarios prepago y persisten fuertes problemas de asequibilidad.

En paralelo, varios países de la región ya comenzaron a avanzar con pruebas piloto y marcos regulatorios:

  • Chile realizó ensayos junto con Starlink,
  • Brasil habilitó un sandbox regulatorio específico para servicios direct-to-device y
  • Colombia incorporó la discusión sobre este tipo de tecnologías en su nueva política de espectro.

Para Lorena Torres, el debate recién comienza, pero marca una nueva etapa para la conectividad regional, donde la discusión ya no gira únicamente en torno a desplegar más infraestructura, sino también en torno a cómo hacerla sostenible, resiliente y verdaderamente accesible para las poblaciones que todavía permanecen desconectadas.

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