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La transformación pendiente de la banca corporativa
Lo que diferenciará a los bancos corporativos en los próximos años no será la calidad de su interfaz, sino la solidez de su core y su infraestructura de misión crítica si quieren mantenerse vigentes, dice Temenos.
La banca corporativa y comercial lleva años renovando fachadas sin tocar los cimientos. Los portales digitales mejoraron, las interfaces se modernizaron, algunos procesos migraron a canales en línea; pero la realidad es que la operación sigue funcionando sobre la misma arquitectura legada y fragmentada de hace muchas generaciones. Como consecuencia, tenemos instituciones que parecen transformadas desde afuera y, por dentro, siguen procesando operaciones complejas con procesos manuales, datos en silos y sistemas producto por producto que no se hablan entre sí.
Esa distancia entre apariencia y estructura tiene un costo que ya se hace visible. Los mercados de crédito privado, estimados en tres billones de dólares para 2025 y proyectados en cinco billones para 2029, crecen captando clientes que los bancos no logran atender con suficiente agilidad. Son empresas que necesitan financiamiento basado en el flujo de caja presente. Sin embargo, los ciclos de aprobación de la banca tradicional no se han podido eliminar porque están embebidos en sus procesos de fondo. El crédito privado realmente compite en cuanto a velocidad, y esa ventaja es directamente proporcional a la ausencia de la carga operativa que los bancos no han reformado.
Alejandro Masseroni
Construir sobre ese core deficiente produce resultados predecibles. De acuerdo con el Temenos Value Benchmark, apenas el 13,8 % de los productos de banca corporativa se originan y transaccionan de forma íntegramente digital, y el 31,6 % se transacciona digitalmente, pero con 'originación' todavía manual. Son números que describen exactamente lo que ocurre cuando se digitalizan los puntos de contacto sin transformar los procesos que los sostienen.
Intervenir el core significa consolidar el ciclo de vida crediticio completo —‘originación’, evaluación, documentación, seguimiento— en una plataforma unificada que elimine los traspasos entre sistemas donde se acumula la mayor parte de la demora y el error. Con inteligencia artificial integrada en ese flujo, el modelo puede automatizar aprobaciones de bajo riesgo, procesar estados financieros y estructurar la información para que el especialista en crédito decida con mayor fundamento y en menos tiempo.
El mismo principio se aplica a la operación interna. El personal de atención en banca corporativa destina el 49 % de su tiempo a tareas administrativas, según el Temenos Value Benchmark. Ese volumen de trabajo burocrático es el síntoma más claro de un core sin modernizar, ya que cuando los sistemas no se integran, las personas dedican gran parte de su tiempo a revisiones manuales. Los agentes de IA, por ejemplo, pueden orquestar esos flujos, verificaciones de cumplimiento, estructuración de operaciones, documentación multipartes y redirigir al banquero corporativo hacia el asesoramiento en operaciones complejas, que es la función que ningún sistema puede sustituir y que sostiene la relación con el cliente.
La presión también llega desde los propios clientes. Los tesoreros corporativos gestionan hoy liquidez, exposición cambiaria y riesgo en mercados que se mueven intradía, y necesitan visibilidad en tiempo real sobre posiciones de efectivo para tomar decisiones que antes podían esperar al reporte del día siguiente. Datos de HSBC revelan que el 82 % de las empresas espera que la inteligencia artificial soporte sus funciones de tesorería en los próximos cinco años.
Para los bancos, satisfacer esa expectativa no pasa por mejorar el portal, sino por construir la infraestructura de datos y los canales de API que permiten una integración directa con los sistemas en los que los tesoreros realmente trabajan.
Lo que diferenciará a los bancos corporativos en los próximos años no será la calidad de su interfaz, sino la solidez de lo que hay detrás. Quienes sigan invirtiendo en la fachada mientras posponen la reforma del core seguirán cediendo terreno a los competidores que ya operan sin esa deuda estructural.
Alejandro Masseroni es regional sales leader – NextGen Financial Services de Temenos, encargado del desarrollo del negocio con fintechs, neobancos e instituciones financieras emergentes en la región. Con más de 18 años de experiencia en ventas y tecnología, es un ejecutivo apasionado y orientado a resultados que ha liderado operaciones en compañías como Oracle Latin America, Fiserv y Mambu, impulsando la transformación e innovación de instituciones financieras mediante soluciones basadas en la nube para servicios bancarios ágiles y escalables.