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El desarrollo de apps móviles es una carrera sin fin
Tener una app funcional y eficiente le permite a las instituciones financieras mantenerse cerca de sus clientes y responder a sus demandas. Pero requiere mucho más que solo un diseño atractivo.
Es literal: hoy el mundo gira alrededor de la palma de nuestra mano, en especial del dispositivo móvil que sostiene. Por ello, diversos sectores, como el financiero, han invertido una gran cantidad de recursos materiales y humanos en el desarrollo de aplicaciones para smartphones.
En este sentido, cobra especial relevancia el Global Findex 2025 del Banco Mundial, que muestra un crecimiento sostenido en el uso de cuentas digitales, lo que muestra cómo el acceso vía dispositivos móviles es clave para la inclusión financiera. A nivel global, ya 79 % de los adultos tiene cuenta bancaria o de inversión.
Sin embargo, perfeccionar las apps bancarias requiere de una dedicación constante ya que, detrás de una interfaz intuitiva y de cada transacción, hay un conjunto de retos técnicos, estratégicos, regulatorios y de negocio que las instituciones financieras deben tener en claro para mantener a sus organizaciones competitivas. Además, deben cumplir con las regulaciones vigentes que no sólo son diferentes en cada país, sino que también cambian a menudo.
Peter Kroll
El primer paso en el desarrollo de una app móvil es entender con precisión a quién se quiere llegar. Definir el mercado y el público objetivo determina qué plataformas es necesario soportar, las funciones prioritarias y las inversiones que es necesario llevar a cabo. En el sector financiero, donde la segmentación por edad, hábitos digitales y confianza en la banca móvil es tan marcada, esta decisión inicial puede significar el éxito de una aplicación móvil.
El ciclo de reemplazo marca el ritmo
Uno de los mayores desafíos para cualquier aplicación móvil es la diversidad de dispositivos, ya que las diferencias de hardware, rendimiento y capacidades gráficas pueden cambiar radicalmente el comportamiento de una app. La variedad de marcas, tamaños de pantalla, resoluciones y niveles de memoria de los dispositivos móviles obliga a pensar en una arquitectura flexible y probada para entornos múltiples.
A esto se suma un ciclo de obsolescencia acelerado de los smartphones, que van quedando fuera del soporte para las últimas actualizaciones y capacidades, lo que obliga a mantener un ritmo agresivo de adaptación y mantenimiento. De acuerdo con datos de Gartner, el ciclo de reemplazo promedio global en 2023 había aumentado 10 meses, alcanzando los 4,2 años. Cifras de IDC, a su vez, señalan que las frecuencias de actualización de los teléfonos nuevos, en la mayoría de los mercados desarrollados, se han extendido más allá de los 40 meses o 3,3 años, según el reporte “El caso empresarial de la circularidad en teléfonos móviles 2025” de la GSMA.
Seguridad y funcionalidad, un delicado balance
En el sector financiero, no todas las funcionalidades que el cliente desea se pueden –o deben– ofrecer desde el móvil. Factores como la seguridad, la rentabilidad y la experiencia de usuario condicionan las capacidades de una app.
Es común que ciertas operaciones de alto riesgo o complejidad, como la apertura de un certificado de depósito o la solicitud de un producto financiero, requieran ser realizadas en un sitio web o incluso de manera presencial. Esto se debe a que la web puede integrar niveles de autenticación más robustos, capacidades de validación avanzadas y controles antifraude más sofisticados que, por las limitaciones inherentes a un dispositivo móvil, son difíciles de replicar sin comprometer la experiencia del usuario.
El mantenimiento se vuelve una carrera sin línea de meta
Uno de los puntos menos visibles, pero más críticos, es el mantenimiento. Cada nuevo modelo de smartphone, y cada actualización de sistema operativo puede requerir ajustes significativos en la app. A veces, cambios aparentemente menores –como una nueva disposición en la pantalla o un cambio en la densidad de píxeles– obligan a rediseñar elementos de la interfaz o ajustar el rendimiento.
Tener una app funcional y publicada es motivo de orgullo para cualquier institución, pero mantenerla a la vanguardia implica inversión continua. No se trata solo de reparar errores o adaptarse a nuevos dispositivos; también es necesario mejorar la experiencia del usuario, incorporar nuevas funciones y mantenerse competitivo frente a otros actores –incluyendo fintechs y nativos digitales– que pueden moverse más rápido.
Crear y mantener una app móvil no es simplemente un proyecto tecnológico: es una decisión estratégica que impacta en la relación con el cliente, la competitividad institucional y la eficiencia operativa.
Peter Kroll es country manager para México de la empresa de servicios y desarrollo de TI Novacomp. Cuenta con más de 30 años de experiencia en consultoría y transformación de negocios. Se ha enfocado en diversas industrias como la automotriz, aeronáutica y farmacéutica, así como en el sector financiero y el desarrollo de software, aplicaciones, inteligencia artificial e innovación. Es ingeniero en Sistemas y Computación por la Universidad de Hamburgo en Alemania y cuenta con Executive Training Programs (MBA) de las escuelas de negocios Kellogg, en Northwestern University (Chicago) e INSEAD (Fontainebleau).