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Wi-Fi 7 o por qué las redes empresariales vuelven a ser un tema estratégico

En un panorama marcado por una altísima demanda de conexión, la red inalámbrica volvió al centro de la agenda tecnológica. Wi-Fi 7 puede ser una pieza estructural en la capa de acceso y convertirse en habilitador real de la transformación digital.

Después de años en los que la conectividad parecía una capa “resuelta”, la presión sobre las redes corporativas volvió a escalar. Trabajo híbrido, IoT industrial, edge computing, telemedicina, campus inteligentes, videocolaboración masiva e IA generativa están generando entornos de alta densidad y aplicaciones sensibles a la latencia que las arquitecturas Wi-Fi tradicionales no siempre pueden sostener de forma predecible. En ese contexto, la nueva generación inalámbrica promete atacar uno de los mayores cuellos de botella de la transformación digital: la red como limitante invisible del negocio.

Durante mucho tiempo, la red era algo que simplemente debía funcionar. “La infraestructura importante era la LAN y la WAN cableadas, mientras que el Wi-Fi era un complemento. Incluso recuerdo épocas en las que, en algunas empresas, el Wi-Fi estaba limitado por política interna o reservado para ciertos usuarios”, cuenta Miguel Horacio Laco Salaverría, Practice Manager Enterprise Networking & Mobility/Payments de Logicalis.

Miguel Laco Salaverría

Hoy, el escenario es completamente distinto. En muchas organizaciones, la red inalámbrica es la red de acceso principal. “Los puestos de trabajo son móviles y gran parte de la operación diaria depende del Wi-Fi”, afirma. El cableado queda concentrado en centros de datos o sistemas específicos, pero la experiencia del usuario y múltiples procesos críticos dependen directamente de la conectividad inalámbrica.

Además, el entorno operativo se complejizó. “Las empresas operan sobre aplicaciones en la nube, trabajo híbrido permanente, analítica en tiempo real y un crecimiento sostenido de dispositivos conectados. La red ya no conecta solo personas con sistemas, sino máquinas entre sí, sensores, plataformas en distintas nubes y procesos automatizados”, explica. En ese contexto, advierte, si la red no tiene capacidad, estabilidad y seguridad adecuadas, el impacto excede lo técnico: “Termina impactando directamente en la capacidad de innovar, escalar y competir”, subraya.

Más que velocidad, se necesita estabilidad y previsibilidad en alta densidad

Uno de los errores habituales al analizar Wi-Fi 7, coinciden desde la industria, es enfocarse únicamente en la velocidad. Sin embargo, en entornos de alta densidad –hospitales, plantas industriales, campus universitarios– el verdadero desafío es otro. “En entornos de alta densidad, el desafío no es la velocidad máxima, sino cómo responde la red cuando miles de dispositivos están conectados al mismo tiempo”, subraya Laco Salaverría.

El ejecutivo también destaca capacidades como que “Wi-Fi 7 permite que un dispositivo utilice múltiples bandas en simultáneo, lo que reduce la congestión y mejora la estabilidad. En un campus universitario donde hay miles de estudiantes conectados en simultáneo, eso ayuda a evitar saturaciones en horarios pico”. En hospitales y clínicas, donde proliferan dispositivos móviles y sistemas que no toleran interrupciones, puede aportar mayor confiabilidad.

Laco Salaverría también resalta la mejora en la eficiencia espectral, que permite que más dispositivos convivan sin interferirse. En sectores como minería, energía o logística en la región –donde crece el uso de sensores, cámaras inteligentes y monitoreo remoto–, esta capacidad es crítica para sostener la operación continua.

Otro punto clave es la latencia. “No solo importa que la red sea rápida, sino que sea predecible”, enfatiza. La reducción en la variabilidad de la latencia resulta determinante en procesos industriales, sistemas de monitoreo en tiempo real o incluso en colaboración por video, donde pequeñas demoras irregulares pueden generar problemas operativos.

El riesgo de seguir con redes que “funcionan”

Actualmente, muchas organizaciones aún operan con Wi-Fi 5 o con primeras implementaciones de Wi-Fi 6, lo que abre el riesgo no de una falla inmediata, sino de “que no estén alineadas con el nivel de exigencia actual”, advierte Miguel Horacio Laco.

Esas redes fueron diseñadas para soportar una cantidad menor de dispositivos y una menor dependencia de aplicaciones críticas en tiempo real. Hoy, las redes inalámbricas deben soportar sensores IoT, plataformas colaborativas permanentes, cámaras inteligentes y mayor consumo de aplicaciones en la nube. Con el tiempo, comienzan a aparecer congestiones en horarios pico, mayor latencia, interrupciones en videoconferencias y dificultades para incorporar nuevos dispositivos de manera segura.

“No suele haber una caída abrupta. Lo que ocurre es una degradación gradual que convierte la red en un cuello de botella para nuevos proyectos. Funciona, pero deja de acompañar la evolución del negocio”, resume el ejecutivo.

Desde el punto de vista de la arquitectura, adoptar Wi-Fi 7 no debería entenderse como un simple recambio de access points. “Si se limita al hardware, gran parte del valor se pierde”, sostiene Laco Salaverría. Si los nuevos puntos de acceso pueden manejar más tráfico, pero la red cableada no soporta velocidades mayores, el límite simplemente se traslada. También es necesario revisar la capacidad eléctrica, ya que algunos equipos demandan una mayor potencia.

Más allá de lo físico, la modernización exige automatización y visibilidad. “Hoy no alcanza con saber que un access point está activo. Es necesario entender cómo es la experiencia real del usuario y cómo impacta la red en aplicaciones críticas. Detectar degradaciones antes de que afecten la operación es parte del nuevo estándar”, explica el Practice Manager Enterprise Networking & Mobility/Payments de Logicalis.

Asimismo, a seguridad debe formar parte del diseño. “Una red actual conecta usuarios, sensores, equipos industriales y dispositivos personales. No todos deben tener el mismo nivel de acceso. La segmentación dinámica basada en identidad y rol deja de ser opcional cuando la red es el punto de entrada principal”, subraya Laco Salaverría. En ese sentido, adoptar Wi-Fi 7 también ofrece la oportunidad de evolucionar hacia una arquitectura más automatizada, visible y segura, de extremo a extremo.

En términos de negocio, invertir en modernizar la red inalámbrica no debería centrarse en la velocidad. “Un CIO no debería justificar Wi-Fi 7 por velocidad, sino por alineación estratégica”, apunta. La pregunta clave no es si la red actual funciona, sino si está preparada para acompañar los planes de la organización en los próximos tres a cinco años. “Si el negocio va a profundizar la digitalización, incorporar más trabajo híbrido, sumar sensores, cámaras inteligentes o mayor consumo de aplicaciones en la nube, la red tiene que acompañar ese crecimiento sin convertirse en un límite”, destaca el ejecutivo.

Cuando casi todos los procesos críticos dependen de la conectividad, la conversación deja de ser puramente tecnológica y pasa a ser estratégica, declara Miguel Horacio Laco. “La red tiene que estar lista antes de que el negocio la exija, no después”, concluye.

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