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Más videovigilancia no es igual a una ciudad inteligente

Aumentar los dispositivos de videovigilancia debe ser parte de una estrategia mayor que involucre integrar los sistemas existentes, agilizar los procesos de atención a los ciudadanos y asegurar la continuidad operativa, dice Kabat One.

La Ciudad de México está trabajando para convertirse en una ciudad inteligente. En cuestión de videovigilancia, el C5 (Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano) opera actualmente más de 81.900 cámaras en la ciudad y la administración de la ciudad anunció un despliegue adicional de 40.800 en 2025. La apuesta pública es más videovigilancia, monitoreo y cobertura territorial.

Sin embargo, Kabat One levanta una cuestión que debe resolverse en este escenario: más allá de cuántos dispositivos se instalan, hay que evaluar qué tan bien se integran, se mantienen y se convierten en respuestas efectivas para la ciudadanía.

La empresa señala que los anuncios oficiales muestran que el desafío rebasa lo tecnológico y se instala de lleno en la operación. Al presentar el nuevo despliegue, el Gobierno de CDMX también reconoció la necesidad de reparar postes, botones de pánico y cámaras que no estuvieran funcionando adecuadamente. “Ahí está uno de los verdaderos cuellos de botella de una ciudad inteligente: no es solo sumar infraestructura, sino asegurar continuidad operativa, integración entre sistemas y capacidad de respuesta diaria”, expresan desde Kabat One.

Antes de hablar de inteligencia urbana en abstracto, reafirman, es necesario que la infraestructura ya instalada opere todos los días, y lo haga en conjunto.

La diferencia de ritmos entre las alcaldías de la ciudad también retrata ese contraste. En Coyoacán, el alcalde firmó –en diciembre de 2024– un convenio con el C5 para optimizar la respuesta ante emergencias y reforzar la coordinación institucional. Meses después, informó que hubo una reducción de 27 % en la incidencia delictiva de alto impacto en 2025 y anunció más cámaras para la demarcación, además de la recuperación de módulos de seguridad.

Pero, por otro lado, la alcaldía Álvaro Obregón comunicó que recibió videocámaras sin funcionar, una Base Plata desarticulada y menos de 40 patrullas funcionales. Su administración reportó después la activación de 700 videocámaras de presupuesto participativo, el refuerzo del C2 y una expansión operativa en seguridad. El dato es incómodo, pero útil: en varias zonas de la ciudad, el avance hacia una ciudad inteligente todavía empieza por reactivar lo que ya existía y estaba fallando.

La alcaldía Benito Juárez ofrece otra lectura. Su estrategia de seguridad está basada en s programa Blindar BJ360°, con inversión en equipamiento, vigilancia y tecnología, al tiempo que su programa de gobierno plantea una “alcaldía digital” como parte de su ruta institucional. Eso muestra otra ruta, pues una ciudad inteligente, además de vigilar mejor, también debe prestar servicios más rápidos, transparentes y útiles.

Desde Kabat One explican que la inteligencia urbana rebasa el terreno de la seguridad. En México, la Agencia Digital de Innovación Pública tiene, entre sus responsabilidades, la gestión de datos, el gobierno digital y la gobernanza tecnológica, lo que confirma que la discusión no solo pasa por cámaras o monitoreo, sino por la capacidad de conectar sistemas, ordenar información y tomar decisiones públicas con mayor eficiencia.

“Una ciudad no se vuelve inteligente por acumular hardware, sino por la capacidad de conectar información útil, protegerla y responder mejor ante incidentes. El verdadero avance está en la interoperabilidad y en la confianza que esa tecnología puede generar en la ciudadanía”, afirma Niv Yarimi, fundador y presidente de Grupo Kabat y Kabat One.

En el proceso para que una ciudad se vuelva inteligente, es necesario lograr que sistemas distintos realmente trabajen entre sí, sin perder continuidad operativa ni control sobre los datos. La recomendación de Kabat One, es que el siguiente nivel sea demostrar, con operación constante, datos abiertos y coordinación real, que la ciudad puede ser más segura, más eficiente y también más transparente. “En esa prueba es donde una ciudad inteligente deja de ser slogan y se transforma en política pública”, resaltan desde la empresa.

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